A partir de esta cuestión mi atención se centra en los elementos accesorios que hay en el estudio. De forma más concreta, dada su relación con la obras, en el material de embalaje, cuyo carácter intrínseco parece contener un índice de negación, un impulso virtual para el ocultamiento, la desaparición o la ausencia.
Una vez sustraída la obra, lo que más me interesa de estos materiales es su carga negativa, su potencialidad para conjugar los espacios inertes de la práctica artística y su relación particular con la negación de la obra. Una forma de intentar trascender la huella como prueba inexcusable de la presencia para buscar otras formas de conjugar la desaparición.
Se trata de ensayar una búsqueda más allá de las áreas relacionales. Salir del campo expandido de la pintura para llevar a cabo una exploración de espacios de negación. Lugares presentes en los talleres destinados a ser contenedores o zonas invisibles a la percepción, que ofrecen la posibilidad de intentar nuevas formas de articulación.
Lo necesario y lo posible gira en torno a los estados de transitoriedad de las obras, al carácter accesorio de los materiales, y a la negación de la imagen como estado constitutivo de la obra.







