La obra da a entender la pintura como un problema de superficie donde verso y reverso del papel, pueden ser susceptibles de numerosos interrogantes, a partir de los cuales problematizar el ejercicio de la práctica pictórica.
La colocación del papel sobre el bastidor, el desmontaje y plegado del mismo, una vez pintado, se convierten en acciones pictóricas que giran en torno a una imagen, o más bien una superficie, que parece incapaz de contener imagen alguna. Una acción que pone en tela de juicio la estructura misma del cuadro y el ejercicio de la práctica pictórica. El planteamiento de estas piezas acota una acción o un espacio en el que transcurre el acto creativo: se trata del espacio de creación que hay entre la doblez o el desdoblamiento del papel y su oposición a una mirada frontal en el bastidor.








